domingo, 29 de marzo de 2015

FAST FITNESS

Compartimos esta nota escrita por Bruno Ballestrero:


El propósito de esta nota es demostrar porqué existe un valor en practicar un arte complejo cuyos resultados no pueden obtenerse de forma inmediata si no tan sólo a través de una práctica paciente y perseverante sin pretender una mejoría instantánea.

Del mismo modo que hoy pareciera ya no haber tiempo para cocinar y entonces sólo es posible comprar comida hecha y comerla rápido (en sus distintas variantes: fast food de cadena, empanadas o ensaladita de la panadería de la esquina, etc.) pareciera también ser creciente la tendencia a buscar actividades físicas cuya práctica sea breve y cuyo resultado pueda obtenerse en poco tiempo.

Siguiendo esta misma lógica, podríamos hoy hablar de una tendencia que, no conociendo una mejor nominación, llamaremos “fast-fitness” (gimnasia rápida). La propuesta es más o menos así: clases de corta duración (30 a 60 minutos), siempre con el profesor presente dando indicaciones en voz elevada para estimular al estudiante/a, acompañando la clase música que predisponga hacia el objetivo de la clase (si es cardio será un ritmo pujante y si es para relax será alguna melodía de oriente). La eficacia de los ejercicios propuestos será medida en tiempos muy cortos: tengo que hacerlo y sentirme bien. Inmediatamente. No llevo tarea a casa: sólo practico allí mismo y luego no preciso hacer más que volver a la clase para continuar con esta dinámica. No se propone la práctica individual en casa.

Como respuesta a la tendencia fast food se originó el movimiento slow food (comida lenta). Como respuesta a tanta comida chatarra creció la cantidad de personas que valoran la comida más sana y natural.
Creemos que la práctica de tai chi, de kung fu y de kung se diferencian de la dinámica “fast fitness” ya que su propuesta es más holística y por ende más compleja.

No es posible entender en profundidad el Arte de un modo inmediato y a menudo los beneficios de los ejercicios se comienzan a sentir luego de algunas semanas. Se propone una búsqueda de autodisciplina: no hago las cosas porque el profesor está a los gritos diciendo “1,2,3 sólo 15 segundos más y terminamos, etc.” si no que intento conectarme hacia adentro e ir armando esa conexión sináptica entre el corazón y la mente que me permita encontrar la fuerza desde la cual ejercer mi práctica, esa fuerza que distingue entre la disciplina (desde afuera) y la autodisciplina (desde adentro).

Hay una famosa idea que sintetiza esta gran diferencia: no le des pescado a un hombre hambriento, si puedes dale una caña y enséñale a pescar.
Muchos de los ejercicios para los practicantes un poco más avanzados y/o con compromiso con el entrenamiento se realizan entre 100 y 1000 veces: la mente entre en otro estado. Entra en una dimensión donde sí hay tiempo. Hay tiempo para practicar hoy y hay espacio de tiempo para seguir practicando en cantidad y en profundidad. Los ejercicios son tantos que es difícil que uno llegue a sentir que ya aprendió todo o que ya no puede seguir buceando y perfeccionando aquello que ya sabe.
Eso establece otro hábito/idea muy valioso: ser paciente y perseverante nos acerca a otro tipo de experiencia, muy distinta a la de la instantaneidad, tan común y presente en estos tiempos que nos parece que es bueno estar atentos y contrarrestarlo con este tipo de prácticas. “Pule una simple piedra todos los días y obtendrás una piedra preciosa”.
Nuestra práctica nos permite movernos, pero en su complejidad es también un ejercicio para la mente, que con toda atención dirige y acompaña el movimiento del cuerpo. De esta manera, al estar concentrada en el movimiento, la mente no se dispersa y se va limpiando, clarificando. Así, tai chi y kung fu fortalecen la mente y fortalecen el cuerpo, las dos cosas al mismo tiempo. Esto lo distingue de otras actividades físicas en que se ejercita el cuerpo mientras se piensa en otra: su único objetivo es salud física y muchas veces simplemente estética. Cuando se ejercita sin concentración o forzando el ritmo para acompañar una dinámica grupal continuamente aparecen las lesiones físicas. Entrenar con atención y sensibilidad, coordinando el movimiento con la intención correcta ayuda prevenir las lesiones físicas. Entrenar siempre en grupo pero nunca sólos nos priva de profundizar en la comprensión de los ejercicios.
No todo es instantáneo. Hay un valor en experimentar aquello que se obtiene a través una práctica paciente y perseverante. Es como subirse a un tren para hacer un viaje largo hacia un destino lejano y siempre bajarse en las primeras estaciones. ¿Qué nos estaríamos perdiendo?