sábado, 24 de diciembre de 2011

lunes, 19 de diciembre de 2011

Exhibición en La Gran Mateada Barrial: 26/11/2011

Gracias a todos los que participaron de la muestra de Tai Chi en la Gran Mateada Barrial de San Telmo 2011.



Bruno y Cata haciendo la Forma de 2 hombres de TaiChi
 




miércoles, 10 de agosto de 2011

Una práctica de auto-superación

Kung fu y tai chi chuan
Por Cecilia Maugeri
Siempre tuve dificultades para el ejercicio físico porque no soy buena para los deportes con pelota y en los gimnasios me aburro terriblemente. Eso reduce mucho las posibilidades, pero me las fui ingeniando para poder mantener mi cuerpo en movimiento. Desde que terminé el secundario, trataba de salir a correr, caminar, bailar o andar en bici cada vez que podía. Pero estas prácticas se fueron haciendo cada vez más esporádicas.
Las excusas me terminaban ganando: “no tengo tiempo”, “tengo que estudiar”, “necesito más horas de trabajo”, “no tengo dinero para gastar en ejercicio físico”, “no tengo ganas”, “hace frío” y miles de etcéteras.
Un día me di cuenta que sentía mi cuerpo pesado e incómodo. Me agitaba al subir las escaleras y al correr el colectivo. “¿Cómo puede ser, si soy tan joven?”, pensaba. Tampoco me gustaba cómo me veía en el espejo, y eso me hacía sentir muy mal. Tenía que hacer algo por mi cuerpo. Así fue como empecé a practicar Kung Fu. No era un gimnasio, no era un deporte con pelota, por lo tanto cumplía con mis requisitos iniciales.
Necesitaba una actividad accesible, tenía que ser en el barrio y con horarios flexibles para reducir mis excusas y poder sostenerlo. Me llamó la atención el arte marcial chino porque sospechaba que no era una actividad puramente física, no era el deporte por el deporte. Me gustaba la idea de que el ejercicio que iba a empezar tuviera una cultura milenaria por detrás. En ese momento no lo sabía, pero mi búsqueda de “hacer algo por mi cuerpo” no terminaba en bajar unos kilos para sentirme más ágil y más linda.
Decidí probarlo. Lo primero que noté fue que al día siguiente no me dolía el cuerpo, como me pasaba cada vez que volvía a un gimnasio y después sentía los músculos “rotos” y no quería regresar. Estaba viviendo una de las premisas del arte marcial chino: para cuidar el cuerpo es muy importante no hacer de más, no forzarlo, no pretender hacer en un día lo que no había hecho en años. “Poco y bien es preferible a mucho y mal”, es una de las frases que escuchamos a menudo en el Centro San Bao, la escuela de la cual formo parte. Nosotros los occidentales tenemos mucha dificultad para entender eso, queremos todo rápido, resultados ya y que sean grandiosos. Por el contrario, la propuesta de Kung Fu es un camino lento pero sostenido, donde los resultados no se ven enseguida, pero llegan con mucha fuerza.
Me tomó unos cuatro meses volver a sentir que podía usar mi cuerpo. Al principio era muy torpe, había muchos movimientos que nunca había hecho y eso me llevó a descubrir zonas en él que ni siquiera sabía que existían.
Después de esa etapa inicial, empecé a ver los resultados: me sentía mucho más cómoda, más liviana, más ágil y mejor ubicada. La postura había cambiado y mis músculos se habían desarrollado de una forma que nunca antes había experimentado: de adentro hacia afuera. Mirándome al espejo no podía notar un cambio importante, pero sí podía sentir desde adentro la firmeza de los ¿huesos?, ¿articulaciones?, ¿músculos?, ¿tendones?, ¿fibras? Es difícil de decir, porque trabajamos en todos esos niveles. Mi cuerpo empezaba a ser un todo integrado, con todas sus partes.
Cecilia Maugeri (adelante) y otros alumnos del Centro San Bao. Foto: Federico Czesli.
Cecilia Maugeri (adelante) y otros alumnos del Centro San Bao. Foto: Federico Czesli.
Podría decir que ahí comenzó otra etapa. Si bien la parte más externa de mi cuerpo había mejorado, la práctica me llevó a reconocer que mi ánimo necesitaba también un entrenamiento. Me sentía muy nerviosa y me pareció, por lo que veía en mis compañeros, que aventurarme al Tai Chi me podría ayudar. Y así fue. En las clases se hace mucho hincapié en la respiración, la relajación y la meditación. Para mí fue un gran desafío quedarme quieta y concentrarme sólo en lo esencial: dejar que el aire circule.
Allí me encontré con otro principio importante del arte marcial: la contraparte del movimiento es la quietud. Poco a poco fui reconociendo que muchos de mis pensamientos, sobre todo los relacionados con la ansiedad, se llevaban mucha de mi energía y pude sentir en carne propia que la mente también es parte del trabajo con el cuerpo.
Ya tenía dentro de la práctica el ejercicio físico y la relajación, dos de las razones más populares por las cuales la mayoría de los alumnos acuden a la escuela. Pero todavía no había experimentado la marcialidad en acción. En las clases no se exige que todos tengamos el mismo acercamiento a la práctica, cada uno sabe para qué viene y le da una orientación personal.
Durante todo mi primer año preferí evitar el combate, pero un día, casi sin darme cuenta, terminé participando de un ejercicio pre-combativo. Ese día era la única mujer y tuve la oportunidad de luchar con distintos compañeros. Se trataba de una práctica liviana, siempre con mucho cuidado. Sin embargo, esa fue una experiencia decisiva para mí, porque sentí en el cuerpo la impotencia de estar físicamente en inferioridad de condiciones. Mis compañeros hombres son más fuertes, más grandes y más pesados que yo y no puedo hacer nada al respecto. Pensé que si fuera atacada por un hombre podría salir muy lastimada y la idea de no encontrar una salida me hizo quebrar emocionalmente.
Me pregunté si estaba bien seguir practicando, hablé con mi profesor, Bruno Ballestrero y él me dijo: “Kung Fu no es lo que me sale, es la habilidad que puedo adquirir”. Ser mujer conlleva un esfuerzo extra para pelear con el cuerpo, pero encontrarme con ese límite me hizo crecer como persona, aceptar que soy diferente pero que puedo desarrollar otro tipo de habilidades o estrategias, que ocupo un lugar reducido en el mundo pero al mismo tiempo tengo mucho por hacer.
Cuerpo, mente, alma… Pero ahí tampoco termina la práctica. No puedo decir que sea una luchadora. Tampoco tengo el objetivo de ser una maestra de Kung Fu. Entonces, ¿qué es lo que hace que siga practicando? ¿Por qué no me ganan las excusas de siempre?
En primer lugar, porque siempre que voy al kwon (el salón de práctica, como el dojo de karate) salgo mejor de lo que entré. Eso ya es una ganancia muy grande. En segundo lugar, me hace sentir a gusto con mi cuerpo y soy consciente de que no podría mantenerlo sin una práctica sostenida. En tercer lugar, desde que empecé la práctica nunca caí en cama y ahora me siento mucho más saludable.
En cuarto lugar, el arte marcial me lleva a evolucionar en otros aspectos de mi vida. Por ejemplo, una de las ideas de la práctica que más me ayudó en lo cotidiano es pensar que cuesta lo mismo hacer las cosas bien que hacerlas mal. Y esto sucede hasta en las acciones más pequeñas, por ejemplo prepararse un desayuno. No lleva mucho más tiempo y dinero prepararlo completo, sentarse a disfrutar y digerirlo con tranquilidad, que tomar un mate pelado y salir corriendo para el trabajo. Pero la diferencia entre hacerlo o no, es enorme: se trata de alimentarse, de cargar energías.
Otra frase muy común, que tomada en su sentido profundo es muy cierta, lo confirma: nadie puede dar lo que no tiene. Entonces, para dar, para hacer en el mundo, primero necesitamos cargar las pilas. Para que funcione bien, el cuerpo tiene que estar cuidado y fortalecido. Tomar este tipo de acciones como una práctica cotidiana es lo que hace la diferencia y lo que convierte al arte marcial en una actividad que tiene una dimensión ética y social muy importante, porque puede ayudarnos a dar lo mejor de nosotros mismos.
Cecilia Maugeri es escritora y poeta, además de vecina de San Telmo.

viernes, 1 de julio de 2011

La comida sí que importa

Hemos hablado muchas veces de la importancia de entender la salud y el bienestar desde un modo holístico, abarcando: el movimiento de todo el cuerpo, la calma y el reposo, la respiración, la quietud y cuán importante puede ser la alimentación.

Aquí nos detenemos hoy: la alimentación. Debajo está el link a un interesante video relacionado al tema.

Espero lo disfrute y lo/a lleve a cuestionarse cómo podemos vivir mejor.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Pulmón regula Corazón (Charlas - Abril 2011)


La charla de hoy es en parte una continuación del mes anterior. Tiene una idea central que es la siguiente: el pulmón regula al corazón. ¿Qué significa esto? Que la herramienta que nosotros podemos utilizar para tratar de cuidar nuestro estado mental/emocional (simbólicamente, el corazón) es la respiración (los pulmones).

No tenemos la capacidad de manejar a voluntad el funcionamiento de algunos procesos corporales. El corazón, los riñones, las glándulas, los intestinos, la sangre, etc. simplemente realizan sus funciones dentro de nuestro cuerpo sin requerir una intervención conciente de nuestra mente para ello. Con el pulmón (o los pulmones) sucede diferente: sí tenemos la posibilidad de manejar a voluntad nuestra respiración, pudiendo con la práctica ir haciéndola más larga, continua, profunda, ligera, suave y relajada.

Voluntad, paciencia y capacidad de perseverar tenemos todos. Algunos las usan más y otros menos. La posibilidad de manejar a voluntad nuestras emociones, nadie tiene. El corazón/mente emocional se escapa de nuestra deseo de manejarlo, controlarlo y dirigirlo con la conciencia.

¿Y entonces? Transformar el deseo de alcanzar el bienestar (que sólo podemos atraer pero nunca forzar) en voluntad para ocuparse del pulmón, que sí podemos controlar. Usar paciencia, usar voluntad, usar perseverancia, usar disciplina: ir poco a poco fortaleciendo la mente racional para tratar de encausarla hacia eso que uno desea, para ir atrayendo poco a poco ese camino que uno desea transitar, esa persona que uno desea ser.

Es esta tal vez una de las máximas intervenciones y capacidad de control que en principio podemos lograr sobre nuestra mente emocional. Cualquier tipo de meditación se basa sobre la premisa central de este texto: ocúpate de tu respiración, usa tu mente para el pulmón y deja que el corazón se vaya regulando sólito hasta que ya tampoco tengas que ocuparte ni siquiera de tu respiración, hasta que ya no intervengas ni trates de dirigir nada.

Quienes somos y quienes queremos ser es algo que no podemos forzar ni controlar absolutamente, pero si promover o facilitar, atraer. Y la práctica diaria de una respiración conciente, profunda, larga, continua, ligera y suave nos acerca hacia ello.

lunes, 2 de mayo de 2011

Código de Etica de Shaolin Norte


El Código de Etica Marcial de Shaolin del Norte – el Bei Shaolin Wude – ahora sin un caracter religioso, promueve valores comunes que trascienden culturas y razas por ser dignos y deseables. En la práctica del Kung Fu esas reglas tienen como objetivo ayudar al practicante a alcanzar los mejores resultados en todos los aspectos de su vida.
La relación del practicante con esas reglas debe ser de caracter estrictamente moral. Nadie jamás sera forzado a someterse a ellas. La obediencia se acepta cuando se toma conciencia que eso podrá ser de gran ayuda en el desarrollo personal.
Si las reglas fueran continuamente quebrantadas, luego de varias advertencias, la persona podrá ser invitada a dejar el entrenamiento, no como una punición, sino porque el entrenamiento no le es adecuado.
El texto debajo es una mera formalización de aquello que ha sido pasado de generación en generación, de manera verbal y, lo más importante, a través del ejemplo vivo de quienes ya recorrieron ese camino.


EL PRACTICANTE:
• Debe respetar y honrar la vida, la tradición y el Wude, siendo leal consigo mismo y con los demás.

• Debe respetar y honrar los maestros (del presente y del pasado), los profesores, sus padres y sus mayores, proteger a los más jóvenes y tratar a sus colegas como hermanos y hermanas.

• Debe ser sabio y valiente, defendiendo la rectitud y la verdad, siendo responable por sus acciones.

•No será inescrupuloso, no molestará, no practicará el mal, no robará ni engañará.

•No se relacionará con personas de mal caracter o injustas.

•No abusará de su poder, sea oficial o físico, no oprimirá al bien ni maltratará al bondadoso.
• Debe ser humilde y entrenar paciente y diligentemente, manteniéndose física y mentalmente saludable, perseverando y buscando superarse cada día.

• Debe ser humano, actuando con amor y compasión, trayendo paz y felicidad para todos a través de sus actos y de su ejemplo.

•Debe ser educado y generoso, alimentando y desarrollando talentos y pasando la tradición a quienes lo merecen, de manera que se la preserve para las futuras generaciones.

•Debe cultivar la gratitud y vivir de acuerdo a las leyes del cielo y de los hombres.

lunes, 18 de abril de 2011

El sustento de la búsqueda (Charlas - Marzo 2011)


Ya hemos dicho en otras ocasiones los distintos aspectos que el Arte Marcial Chino (AMC) puede abarcar y representar para los que nos acercamos a éste: gimnasia, salud, bienestar, defensa personal, acercamiento a corrientes del pensamiento oriental tales como el Taoísmo, el Budismo o el Confucianismo, desarrollo personal. Puede ser una, más de una o todas. ¿Quién elije cuál o cuáles va a desarrollar a través de su práctica? El alumno. El maestro o profesor, cuando alumno o estudiante, realizó la misma elección y tras años de esfuerzo y dedicación llegó a ser el profesor que hoy es, pudiendo así ofrecer mayor o menor calidad y cantidad de conocimiento a sus alumnos, comprendiendo en mayor o menor profundidad el Arte.

Al comenzar a practicar, cualquier ejercicio es externo. En la medida que la comprensión del mismo aumenta, se va volviendo más interno. La primera clase de todos nosotros fue “externa”, sea de tai chi, de chi kung, de kung fu o de meditación. Sólo la práctica lleva a trascender lo externo y comenzar a desarrollar lo interno. Pongamos un ejemplo: recién he aprendido a leer, soy un niño de 6 años. “A-R-T-E. ¡ARTE! ¡Eso es lo que dice! ¿Y qué quiere decir?” – le pregunto al adulto. Luego, con lo años, no sólo soy capaz de leer la palabra más rápidamente sino que su lectura me lleva a montones de asociaciones en relación a su significado. De lo externo del ejercicio de leer letra-a-letra, con práctica, llego a algo mucho más interno como es el entendimiento de un concepto intangible, lleno de posibles interpretaciones y significados.

De la misma forma, el estudiante con el deseo de abarcar en mayor profundidad el AMC (incluimos aquí al estudiante que además enseña, pues el profesor no debe abandonar nunca su propio estudio) debe, ante todo, entrenar mucho, cotidianamente y por mucho años - casi quiero decir por todos sus años. Y así buscar comprender los distintos aspectos que mencionábamos al comienzo de este texto.

El término Kung Fu representa esta idea de algún saber que se va alcanzando luego de muchos años de perseverar en su búsqueda, de tener paciencia para no menguar, de ir fortaleciendo la voluntad que nos permita realizar el esfuerzo cotidiano.

Pero de todas las búsquedas posibles que uno como practicante podría abarcar, la más primordial a desarrollar por el estudiante del AMC es su energía, pues será la base que sustente a todas las demás búsquedas. Respiración, movimiento, quietud, calma, relajación, alineación. Toda la práctica y desarrollo se basa en el “chi” de la persona. Incorporar, almacenar y cultivar gran cantidad de energía a través de una respiración profunda y conciente y una mente calma dentro de un cuerpo correctamente alineado a la vez que fuerte y relajado. Eso es algo que siempre tendremos que priorizar al momento de pensar nuestro entrenamiento y estudio. Todos los distintos métodos existentes en el AMC - formas en “sombra”, formas de “dos hombres”, formas con armas, posturas estáticas, “pequeña campana dorada” (son muchos y no vamos a nombrarlos a todos, queda para otra charla) - todo va a depender del “chi”.

Mi meta como practicante será entonces incorporar y almacenar energía y luego permitir que a través de la práctica se regule y armonice, nutriendo mi cuerpo para poder tener salud y así poder continuar con mi desarrollo personal, lo que, evidentemente, no se limita al ámbito del AMC si no que lo trasciende abarcando la totalidad de mi persona.