viernes, 10 de julio de 2009

IMAGINARIO Y REALIDAD DEL ARTE MARCIAL (Charlas - Junio 2009)

En general el público que se acerca a la práctica del Arte Marcial Chino (AMC) lo hace por alguno/s (sino todos) de estos motivos: quiero/necesito/me recomendaron hacer algo de actividad física; quiero aprender algo de defensa personal; siento atracción por la mística existente alrededor de la figura del Maesto Oriental y quiero tomar algo de eso para mejorar mi vida. En cambio, si concurre a las clases solamente para hacer algo de gimnasia todo es más sencillo ya que empieza y termina allí mismo: movimiento es vida y mientras sienta que la clase es entretenida, agradable y que mi cuerpo se siente mejor estará conforme y satisfecho. Son las otras dos motivaciones las que despiertan y desarrollan el imaginario popular volviendo más confusa la distinción entre lo que es "real", concreto y tangible y lo fantasioso.

Mencionemos algunas creencias del imaginario popular: que el Maestro no come carne; que el Maestro no fuma; que el Maestro es imbatible en combate; que los antiguos Maestros siempre han sido mejores; que la pelea en manos de un Maestro puede ser sin violencia; que a través de la práctica se logra algo más, entendiendo por esto algún tipo de experiencia espiritual de realización mística.
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Maestros Budistas
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Bueno, muchos Maestros del AMC sí comen carne (y fuman). La doctrina budista no permite comer carne y de ahí esta creencia, pero no todos los maestros y profesores del AMC son budistas que se rigen por esta doctrina. Sucede distinto con el Yoga ya que en su misma práctica se establece que la ingesta de ciertos alimentos - incluida la carne- son negativos para el practicante (lo cual no significa que uno no pueda practicar Yoga y comer Carne). Con el cigarrillo sucede algo similar: muchísimos chinos fuman y toman alcohol, razgos existentes en casi todas las culturas de hoy en día. Los Maestros de AMC no son la excepción, si no que comparten y componen esta cultura. Cierto es que una persona que realiza actividad física regularmente, aún cuando sea fumador, estará en mejor estado de salud que si no la hiciera - incluso algunos Maestros sostienen que son capaces de limpiar sus pulmones con el entrenamiento de ejercicios respiratorios.
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El Maestro imbatible
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Partamos de pensar que todos los grandes Maestros del AMC son imbatibles en combate. ¿Qué pasaría entonces si 2 de ellos se enfrentasen entre sí? ¿Quién resultaría vencedor cuando ambos son imbatibles? Hay cuatro clases de relatos que responden a esta pregunta: A) El perdedor reconoce la superiordad del vencedor y decide convertirse en su alumno para aprender de este - un ejemplo es el caso de Li Sa Mo, Maestro del estilo Bak Siu Lam, quien tras ser derrotado en combate por Ku Yu Cheung se convierte en su discípulo. B) Ambos dicen haber vencido y de acuerdo a quien cuente la historia esta será distinta - el caso de la pelea entre Bruce Lee y Wong Jack Mang. C) Tras una monumental y magnífica pelea se declara un empate donde ambos reconocen que el otro también es un Gran Maestro. D) El vencedor da muerte al derrotado y se lo ubica en un lugar de personaje histórico villano - algunos relatos acerca del monje Pak Mei lo ubican en ese lugar de malvado al sostener que traiciona al templo de Shao Lin participando del ataque y destrucción del mismo.
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Trompadas sin violencia
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¿Qué pasaría si un Maestro se peleara en la vida real? Se pelearía y punto. Y toda pelea real es violenta: todo golpe recibido duele y lastima, puede haber huesos fracturados, moretones y sangre. Y eso con independencia de la mayor o menor serenidad y destreza con que el peleador resuelva la situación de la pelea. Es en gran medida gracias al desarrollo del cine que debemos la creación de un imaginario en el cual una pelea puede ser espectacularmente vistosa, limpia, serena y no violenta.
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Filósofos, Guerreros y Sabios
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¿Qué hay de la mística de la conjunción entre filosofía, espiritualidad, sabiduría y guerrero que aparecen ligadas a la figura del Maestro de AMC? Parte de esto tiene que ver con la génesis de lo que hoy llamamos Artes Marciales y está relacionado al templo Shao Lin donde se combinaron los caminos del Budismo indio, los monjes budistas chinos y los militares allí refugiados. No vamos a explicar este tema (para más información leer "Origen de las Artes Marciales"), pero sí aclarar una obviedad: el practicante moderno no suele ser ninguno de estos tres casos - ni monje budista hindú, ni monje budista chino, ni militar. En cambio suele ser un profesional, un estudiante, un comerciante, un músico, padre, madre, docente, etc. Se presentan entonces dos cuadros con actores muy distintos entre sí: el momento histórico en el cual surgen las Artes Marciales y la actualidad. Otra obviedad, lo sé. Téngame paciencia lector que trataré de llevarlo hacia lugares más interesantes. Las preguntas que surgen son: ¿Cuánto cambió el AMC desde entonces? ¿Cómo cambió? Yo que no soy ni monje, ni militar, ni dedico mi día entero al entrenamiento, ¿Qué practico? ¿Por qué practico? ¿Qué puedo esperar lograr con mi práctica? ¿Cómo lograrlo? Por medio del AMC puedo buscar una acción terapéutica para mi salud física y mental; puedo querer lograr aptitudes en eso que entendemos por defensa personal; puedo ir acercándome a ciertos rasgos de la "cultura oriental" que incluyen hábitos, costumbres y corrientes de pensamiento ligados a la filosofía y la religión.
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En un contexto de cierto mínimo bienestar económico de no indigencia no existen factores externos que impidan practicar: si hay limitaciones, estas son internas. No es cierto que por no tener mucho tiempo tenga uno que no hacer un poquito: ya sabemos que no hay grandes viajes que no hayan empezado con un simple paso. Todos podemos encontrar 20 minutos para entrenar. La imagen del monje que meditaba horas y finalmente alcanzaba la sabiduría se ha resignificado para nosotros en la dificultad de encontrar el rato de práctica sólos, tal vez en casa. No es correcto pensar en términos de "Voy a ser un monje y raparme la cabeza y levantarme a las 5 de la mañana" cuando aún no logré despertarme 20 minutos antes de lo habitual para disfrutar de ese tiempo de entrenamiento antes que la jornada laboral comience para mi, o bien de utilizar esos 20 minutos antes de dormir. Tampoco es correcto pensar "Ahora no, pero más adelante cuando pueda..." ó "Todavía no puedo pero cuando 'X' factores cambien voy a poder comenzar a hacerlo". Siempre va a haber "X" factores para no practicar hoy. Por eso el monje se aislaba en un templo o en las montañas. Lo grandioso para nosotros es poder hacerlo aún inmersos en nuestra realidad. Desde que el AMC se comenzó a enseñar a laicos y fuera del templo dejó de existir el requisito de primero abandonar la vida terrenal para luego entrenar. Hoy se trata de aprender a practicar en medio de esta vida social y comunitaria. En este aspecto el Arte salió del templo pero no se alejó del budismo: se trata de hacer hoy más allá del Paraíso que tal vez se pueda encontrar mañana. No hay en lo concreto mucho más allá de la practica de hoy. Y aún asumiendo que en algún momento lo hubiere será producto de la suma de prácticas de hoy. Es ese el gran cambio: practicar hoy en vez de esperar el mejor momento para hacerlo, ya que no hay mejor momento que ahora. Uno puede no poder, no querer, no saber cómo, pero no será porque exista un mejor momento. Conversando con un profesor me contó esta idea: "imaginate a vos dentro de un largo pasillo. A medida que entrenás vas recorriéndolo, avanzando y acercándote al final del mismo, donde existe una puerta que está cerrada pero que en algún momento alcanzarás, la abrirás y verás que existe más allá de ese pasillo. Un día luego de mucho entrenar finalmente la alcanzás y abrís: lo que ves es un espejo donde sólo estás vos mismo reflejado".
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Muchas cosas no tangibles lo van cambiando a uno mientras se desarrolla como artista marcial. El AMC brinda la posibilidad de convertirse en un medio de auto superación y desarrollo personal que trascienden la gimnasia y el concreto entrenamiento de hoy, pero esto sucede sobre la base de la práctica, que es nuestro medio para lograrlo, nuestra herramienta. Existen infinidad de medios o herramientas distintas, pudiendo nombrar a modo de ejemplo el Yoga pero también el Teatro, la Música, el Psicoanálisis, la Religión o la Cocina. En gran medida la capacidad de convertir el quehacer diario en una manera de autosuperación o desarrollo personal dependerá de quién es el es que hace y cuánto jugo le exprime a lo que haga. Pero ya en la génesis del AMC (repetimos: textos budistas hindúes, templo chino, monjes y guerreros) encontramos este deseo de autosuperación.
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